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- Corrupción e impunidad detrás de la masacre en el Casino Royale
- Hay que reclasificar estos ataques como atentados terroristas
- ¿Cuánto tiempo pasará para que Cancún o Playa vivan lo mismo?
SIN PRECEDENTE, INÉDITA en maldad y salvajismo, la masacre dentro del Casino Royale en Monterrey que dejó al menos 61 muertos, rebasó la clasificación de “ataque del crimen organizado” y podría ya reclasificarse como atentado terrorista.
Porque eso fue: Un atentado terrorista. No puede llamarse de otra manera al acto cobarde en el que un grupo de asesinos entrenados irrumpen en un establecimiento atestado en su mayoría de mujeres y jubilados, para prenderle fuego y dejarlos morir adentro.
Salvo quizá por el estruendo y los daños de la onda expansiva, el incendio en el casino regio, provocado con sustancias inflamables y bombas molotov, no fue diferente en número de muertos, destrozos materiales y en impacto social, como cualquiera ataque con bombas de los que suelen perpetrarse contra la población civil en países del Medio Oriente.
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TRES DÍAS DE luto nacional se decretaron, el presidente Calderón prometió que el hecho se castigaría, 500 militares se desplegaron a buscar a los autores de la masacre y 30 millones de pesos se ofrecieron por pistas que conduzcan a los chacales incendiarios que, se supo, actuaron en venganza porque el dueño se negó a pagar una extorsión.
¿Merecían morir decenas de personas por un puñado de dinero? ¿Qué hay detrás del duelo, los lamentos tardíos y las poco convincentes advertencias oficiales de que “ahora sí” este crimen no quedará impune?
Como suele suceder en este México nuestro ya no tan lindo, pero sí aún muy querido, en el atentado al casino de Monterrey hubo sin duda negligencias graves, complicidades turbias y corrupción, que mucho antes de que los asesinos prendieran el fuego ya la fatalidad había marcado el destino de todas esas personas que allí murieron.
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Se repite lo que pasó en la tragedia de la guardería “ABC” de Hermosillo, donde tuvieron que morir 49 niños y otros 76 sufrir quemaduras graves, para que las autoridades tuvieran que intervenir “enérgicamente”, hacer clausuras de guarderías “patito” --aparecieron por doquier-- e iniciar investigaciones que pusieron al descubierto cadenas interminables de corrupción y tráfico de influencias entre funcionarios de todos los niveles.
Las primeras investigaciones sobre el mortal incendio en el Casino Royale exhibieron algo estremecedor: Si bien el crimen organizado fue el que provocó el incendio, la corrupción imperante, la impunidad inacabable en las diversas estructuras de gobierno, fueron las que sofocaron hasta la muerte a esas 61 víctimas inocentes.
El negocio no tenía salidas de emergencia (había puertas, ¡pero eran falsas!); no tenía aspersores contra fuego ni rutas señalizadas de evacuación y el personal no tenía ni idea de qué hacer en una contingencia. El lugar era una auténtica ratonera mortal… y operaba como si nada.
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HAY MUCHOS MÁS culpables que los desalmados asesinos que cometieron el atentado. Hay que buscarlos y encerrarlos a todos por igual.
La apertura del Royale fue polémica y cuestionada desde el principio, pues supuestamente abrió sin los permisos de la Secretaría de Gobernación y hubo hasta una demanda de una diputada que no prosperó. El Ayuntamiento de Monterrey dio la anuencia y luego nadie supervisó que se cumplieran los requisitos de seguridad. Vino después una breve clausura por ciertas faltas, pero un tribunal administrativo ordenó la reapertura de nuevo. Toda una madeja bien tejida de negligencia y complicidades, donde seguramente el dinero y el influyentismo, como es la costumbre en México, valieron más que la responsabilidad.
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En Cancún y en Playa del Carmen ya operan abiertamente este tipo de establecimientos. Ni cuenta nos dimos cómo fueron llegando, cómo fueron metiéndose, pues ni ruido hicieron.
¿No que aún no están permitidos por la Ley de Juegos y Sorteos de la Segob? ¿Cómo es que se instalaron y bajo qué normas se aprobaron estas casas de apuestas?
¿Son seguras? ¿Están verdaderamente supervisadas y nos garantizan las autoridades que autorizaron su apertura, que operan de manera legal y no, como mucho tememos, en base a cañonazos de billetes?
¿Cuánto tiempo pasará para que aquí, por culpa de la corrupción y la impunidad de la que no somos ajenos, tengamos que vivir un caso como el Royale?
Al tiempo.
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