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LO DIJO CLARO, pero a destiempo, el gobernador Félix González Canto: “La selección de candidatos corresponde al Partido Revolucionario Institucional”.
A destiempo, sí, porque jamás pensó en el crecimiento alcanzado por el diputado federal Carlos Joaquín González, respecto a la alta posibilidad que tuvo éste de imponerse a su candidato, Roberto Borge Angulo, en la definición vía el método de las encuestas.
A destiempo, se advierte, ante la falta de tacto político en la dirigencia estatal del tricolor en la voz de Cora Amalia Castilla Madrid, la cual conmocionó a la militancia chetumaleña luego de írsele a la yugular ante la impugnación del queridísimo --sobre todo por la clase política del sur-- Eduardo Espinosa Abuxapqui.
A destiempo, sí, la observación del mandatario quintanarroense, porque en su proyección matemática para la sucesión de la gubernatura no avisoró --parece tampoco en forma-- el precepto del que abreva en su patriarca el joven diputado federal con licencia y virtual candidato del PRI, Beto Borge, sobre el hecho de que, como en tiempo de huracanes, lo mejor es mantener la ecuanimidad sin la ingesta de Ecuanil.
A destiempo la postura del mandatario quintanarroense, porque en su inteligencia aritmética la ecuación de manejar cinco importantes y valiosísimos cuadros para buscar la nominación el juego acabó por reventar. Tres abogados, dos ingenieros y hoy, con él como economista, han gobernado la entidad, pero aunque la fórmula algorítmica arroja ya la nominación de unidad priorizando la armonía partidista con Borge a la cabeza de sectores, liderazgos y organizaciones filiales al PRI estatal, abrieron además la brecha para una estocada magistral --que no final-- del respetable y aún muy poderoso clan Joaquín, cuyo estandarte Carlos Joaquín González manejó --y maneja-- las negociaciones a un alto nivel, estirando hasta el último momento, privilegiando las posiciones para sus aliados, para su equipo, para quienes han creído en su proyecto.
El otro escenario resulta ser un desfiladero de cadáveres políticos (temporales, atemporales y hasta permanentes) que emanan de las huestes “borgistas”, que no ven la suya luego de que la llamada candidatura de unidad cuajó, mas no sus posiciones. Una lectura romántica define también cómo la jugada parece haber salido al revés: El delfín llegó, los tritones nadaron y nadaron, y ninguno imaginó cuando la marejada los aplastó.
A la prensa, mucho se dijo que las encuestas validarían y que cada uno de los postulantes llevaba altísima puntuación. Tampoco se soslayó las componendas que hicieron flanco de la guerra sucia entre los aspirantes y hasta se lanzaron números que pretendían confundir a la base, a la dirigencia, a los interesados y, por supuesto, a la opinión pública. Hoy estos son los escenarios: En Benito Juárez, las posiciones mantienen en juego puntual la aspiración de la diputada local con licencia Laura Fernández, cuyo lazo sanguíneo con don Edmundo Fernández, cónyuge de la senadora panista Addy Joaquín Coldwell, (hermana de Carlos Joaquín y del ex gobernador Pedro Joaquín), da bonos a la nominación de la que hasta el 30 de marzo fungía como presidenta de la Comisión de Hacienda y Cuenta Pública de la XII Legislatura del Congreso local, aunque sus detractores traen a la memoria fricciones familiares por un problema de arrendamiento --añejísimo por cierto-- entre las damas Laura y Addy.
Laura ha tenido diversos acercamientos con Carlos, antes y después de las definiciones. En Solidaridad, el municipio hacia donde el favorecimiento presupuestal (estatal y federal) apunta, el fino “alfileteo” de las negociaciones suplen la legítima aspiración del tesorero Mauricio Góngora, con la también legal pretensión del diputado local con licencia Filiberto Martínez, en pos de la candidatura tricolor a la Presidencia Municipal.
En esta demarcación, Filiberto es gente de todas las confianzas de Carlos Joaquín, al igual que el joven regidor Juan Carlos Pereyra, quien se perfila seguro hacia la diputación local en una interesante conformación donde, se insiste, el aspirante “perdedor” en la contienda interna del PRI dio prioridad al equipo.
En Tulum, el noveno municipio, el contorno deslindó al inquieto Gilberto “El Chino” Gómez Mora por la definición de Edith Mendoza Pino, ex colaboradora de Carlos Joaquín. Y en Cozumel, va en caballo de hacienda el también joven y sumamente popular Aurelio “Lito” Joaquín González, miembro dinástico por excelencia, quien por cierto, lo bueno para Beto Borge es que comparten una amistad de años, edades símiles y compadrazgo sacramental.
Desde esta perspectiva y “cuajando” esta semana las negociaciones del ex alcalde solidaridense en pago a su lealtad al gobernador González Canto e institucionalidad a su partido, el PRI de la unidad y la fortaleza, muchos cadáveres políticos habrán quedado sembrados en el camino, en tanto otros que se creían insepultos se levantarán de las sombras para tomar, rumbo al 4 de julio, sus nuevas posiciones.
Cosas de la política y sus negociaciones.
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