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Aug 21
“¡Murder! ¡Murder!..” Un brazo en el refrigerador
Escrito por Krearts   
Lunes, 02 de Noviembre de 2009 08:18

Dentro de las anécdotas preferidas de los pioneros de Cancún, una de ellas tiene que ver con el accidente ocurrido el 2 de abril de 1971, en el que lamentablemente perdió la vida el joven Ricardo Madera Esquiliano, originario de Chetumal.

 

Esta historia nos la cuenta Rubén Zaldívar Carvajal, investigador económico del Banco de México, quien desde 1969 y hasta 1973 radicó en esta ciudad para seguir de cerca los trabajos del Proyecto Cancún.

“Una tarde de 1971 me avisaron que al día siguiente llegaría Antonio Enríquez Savignac (director de Infratur, hoy Fonatur). Él venía de Mérida, por carretera, acompañado del licenciado Fausto Cuevas, asesor jurídico de Infratur, y quien era el subjefe del Departamento legal del Banco de México.

“En la tarde me fui a Puerto Juárez para cruzar a Isla Mujeres y hacer las compras de provisión que había que tener en la Casa de Visitas. Le pedí al chofer que volviera con mi camioneta al campamento (sobre la actual avenida Náder), así que éste regresó y la estacionó enfrente de mi casa. Como todos nos conocíamos, las llaves de los vehículos se quedaban en los ‘switches’. Al día siguiente, a las siete de la mañana, tomé el barco en Isla Mujeres para llegar a Puerto Juárez y me encuentro con que ya me estaba esperando el contador (no recuerda el nombre) pero, no estaba con mi camioneta sino con su camioneta.

– ¿Qué pasó? – Le pregunté

– Jefe, su camioneta está desbaratada – Me dijo muy preocupado

– ¿Cómo que desbaratada? – le pregunté – ¿pues qué fue lo que pasó?..

“Yo tenía una camioneta Chevrolet del año (1971) Pick Up, color blanca... lo que sucedió es que Martín Pérez, quien era chofer mío, se fue de fiesta a Valladolid con un muchacho de Consorcio Caribe (la compañía constructora de Cancún) de nombre Ricardo Madera.

“El plan de ellos era ir a la feria de Valladolid y volver en la madrugada: total nadie se daría cuenta. Y es que tomar alcohol en el campamento era algo que no se permitía, entiendo que por esa razón se fueron a festejar a Valladolid pero, cuando ya volvían a Cancún, se encontraron con un camión sobre la carretera, estacionado y sin luces, a unos tres kilómetros antes de llegar a la gasolinera que hoy está ubicada entre las avenidas Kabah y José López Portillo.

“Martín, que venía manejando, no vio el camión descompuesto y se estrellaron. El que salió muy mal fue Madera, pero también Martín resultó herido porque dejó huellas de sangre de lado de él...”

LA OTRA VERSIÓN

A su vez, el ingeniero Rafael Lara y Lara, encargado de las obras del Proyecto Cancún por parte del Banco de México, contextualiza este suceso: “Madera tenía a su familia en Valladolid, pero Martín, que era quien manejaba la camioneta, era empleado mío. La labor de Martín era salir muy temprano en una camioneta y ponerle a todas las máquinas ‘checadores de obra’ para medir el tiempo trabajado, pues se pagaba de acuerdo con lo que marcaba este reloj.

“Pero resulta que Martín tenía una novia en Valladolid y se hacía acompañar de Madera, quien tenía familia ahí, y eso lo hicieron durante varias veces a la semana, cosa que desconocíamos hasta que ocurrió el accidente”.

De acuerdo con la versión de Rubén Zaldívar, Martín (el imprudente) se da a la fuga al darse cuenta de lo grave del delito que ha cometido, pero Rafael Lara dice que Martín llega hasta las puertas de su casa, llevado por un amigo en una bicicleta, para avisarle que se habían estrellado.

“Yo llamé al señor Enrique Arce (+), quien en ese entonces era el sobrestante en general del Consorcio Caribe, y al ingeniero Daniel Ortiz que era el técnico de la misma empresa. Nos fuimos los tres, por ahí por donde está la torre de microondas, ha de ser como el kilómetro 315 o algo así. Llegamos, vimos la brecha que abrió la camioneta y alcanzamos a ver que ahí estaba Madera casi muriéndose. Estaba vivo pero irreconocible y con el brazo casi desprendido.

“Lo trajimos rápidamente con el doctor Goyito (Gregorio Sánchez, vivía en el campamento de la avenida Náder). Él le dio los primeros auxilios y para empezar le quitó el brazo. Se fletó de inmediato una camioneta para trasladarlo a Valladolid o a Mérida, en donde se tuviera mejor instrumental médico. Era una camioneta que por cierto manejaba El Grande (Miguel Ángel Pérez).

“Alguien me preguntó qué se iba a hacer con el brazo y yo le respondí que se guardara para cualquier asunto legal que se requiriera. Lamentablemente Ricardo Madera falleció en el trascurso del viaje y por la impresión de la muerte ya nadie se acordó del brazo.

“La verdad es que después ya no supe quién tuvo la idea de guardar el brazo del joven Madera en el refrigerador de la casa 15, que era precisamente la Casa de Visitas del campamento.

“Tres o cuatro días después llegó a Cancún un inversionista al que estaba atendiendo Rubén Zaldívar y fue hospedado ahí, en la casa 15; jamás nos imaginamos lo que iba a ocurrir. Como al mediodía el hombre tuvo sed, se fue al refrigerador a buscar hielo y de pronto se encontró con el brazo humano congelado, así que despavorido salió gritando ¡Murder! ¡Murder! (asesinato en inglés).

“Hasta entonces nos acordamos del brazo, y por supuesto nos preocupaba el impacto que el inversionista fuera a tener con los jefes”.

Hoy, esta historia se platica con cierta hilaridad, pero en su momento provocó que las buenas costumbres gastronómicas de los cancunenses quedaran en entredicho. Pensaron que éramos caníbales.

Como colofón debe consignarse que el imprudente camionero se dio a la fuga, pero días más tarde fue detenido en Puerto Morelos por el subdelegado de Isla Mujeres, Pablo Pacheco, quien le siguió la pista. Ricardo Madera estuvo casado con la señora Mirza Yolanda Heredia Echazarreta y tuvo dos hijos: Roberto y Ricardo Omar.

 

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