| Lo Busco y lo busco y no lo busco |
| Escrito por Francisco Verdayes |
| Domingo, 03 de Octubre de 2010 00:00 |
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En un país de casi dos millones de kilómetros cuadrados se acentúan lasparticulares formas de hablar. La Península de Yucatán –zona a la que pertenece Quintana Roo– es rica en expresiones regionales que dejan con cara de interrogación a los miles de nuevos pobladores que todos los días llegan a la entidad. Esto no significa que el habla de los peninsulares sea incorrecta; de hecho hay muchas palabras que denotan la perfecta utilización del castellano, en cambio, hay otras en las que se observa ambigüedad y eso las hace –en cierta forma– graciosas. Gran parte de estos errores son reminiscencias de la fusión de lo prehispánico y lo español. No aludiré a la incorporación de vocablos mayas, ni tampoco a la pronunciación regional, pues éstos merecen mención aparte, sino simplemente lo disímbolo de sus significados, que por momentos hacen sentir al visitante que se encuentra en otro país. Los Verbos El verbo “buscar” como sinónimo de “encontrar”. Esta es una de las expresiones clásicas: “Lo busco y lo busco pero no lo busco”. Lo que el desesperado hombre quiere decir es “Lo busco y lo busco pero no lo encuentro”. En el mismo caso está “prestar”. Cuando alguien dice: “Tuve que prestarle mil pesos a mi amigo para poder terminar la quincena”, en realidad lo que está diciendo es: “Tuve que pedirle prestado mil pesos a mi amigo para poder terminar la quincena”. En el habla peninsular el verbo “tener” sustituye al verbo auxiliar “haber”. Por ejemplo, es común escuchar estas expresiones: “Me lo tienen dicho” en vez de “Me lo han dicho” y “Lo tengo escuchado” en vez de “Lo he escuchado”. Otro ejemplo de la incorrecta utilización de verbos ocurre con “quitar”, que de manera por demás increíble suple al pretérito del verbo “ir”. Ejemplo: “Nos quitamos de la fiesta a las 10 de la noche”, cuando en realidad quisimos decir “Nos fuimos de la fiesta a las 10 de la noche”. Y lo mismo ocurre con el verbo “guardar”, que es utilizado equivocadamente como sinónimo de “ocultar” o “guarecer”. Ejemplo: “Cuando lo vi pasar me guardé detrás del árbol”. Lo correcto es: “Cuando lo vi pasar me oculté –o me guarecí–detrás del árbol”. Y que tal el verbo “acechar” como sinónimo de “ver”, “observar” o “asomar”. Ejemplo: “Hijo acecha en la casa de tu tía, a ver si ya llegó”. De acuerdo con la Academia de la Lengua Española ‘acechar’ significa observar sigilosamente, mientras que ‘asechar’ con “S” representa intentar confundir. Lo que esta persona quiso decir es: “Hijo asómate en la casa de tu tía, a ver si ya llegó”. El verbo “gustar” como sinónimo de “ver” u “observar”. No sé de dónde haya salido esto pero es muy común escuchar que: “La comadre está gustando su telenovela”, “¿Gustaste la película que pasaron ayer?”. Hay una expresión muy simpática: la utilización del verbo “pasar” como sinónimo del verbo “estar” en su conjugación pretérita “estuvo”: Ejemplo: “Ese hombre se pasó a morir el año pasado”… lo que en realidad quiso decir fue: “Ese hombre estuvo a punto de morir el año pasado”. Ahora bien, en cuanto a la incorrecta utilización de verbos, la siguiente expresión no parece tener competencia: “El ingeniero está ido en Mérida”. Es evidente que no se trata de ningún viaje astral, ni que el mencionado ingeniero haya sufrido conmoción alguna. Es decir, no está “como ido”, sino “ido en Mérida”. Esto significa que está de viaje y bien pudo decirse: “El ingeniero está en Mérida”. Lo de “ido” sale sobrando. del habala común El peninsular que no recuerda el nombre del objeto que está pidiéndole a su compañero lo resuelve diciendo: “Pásame el… el… el negociante”. El ‘negociante’ puede ser todo, cualquier cosa, la versión yucateca de “la marinola”, “la chafaldrana”, o simplemente el “de ese”, tan utilizado en otros lares. ¿Hermano o hermanito? Cuando alguien presenta o habla de su consanguíneo, implícitamente se sabe si éste es menor o mayor en términos de edad. Es muy simpático escuchar a un hombre de 70 años hablar de su “hermanito”. No piense el lector que se trata de una criaturita de cinco años, puede ser que el “hermanito” tenga 68 primaveras. En cambio si emplea la palabra hermano, significa que es más grande que él. Es común escuchar la palabra “mata” como sinónimo de árbol. La mata, según definición del diccionario, es una planta de poca altura, pero en la Península de Yucatán se le llama mata a cualquier árbol, aunque sea enorme, la palabra lo minimiza. Lo contrario ocurre con la palabra “selva” a la que llaman “monte”. Ejemplo: “Se escondieron en el monte”, y no es que se trate de ningún cerro, porque si ese fuera el caso, la expresión –ya de por sí exagerada– se duplicaría, pues entonces se le llamaría “montaña”. En las comunidades rurales he escuchado llamarle “león” al puma o al jaguar. Y es común escuchar por doquier que en sus patios hay muchos “zorros”. No, no se refieren a los cánidos que todo mundo ubica, sino a los marsupiales que conocemos simplemente como tlacuaches. Ahí mismo, en el campo, el “foco de mano” es la linterna y el “traje de agua” es el impermeable (el amarrillo). Desde luego nos faltaron por citar muchísimos ejemplos más pero, no hay duda, hasta parecemos otro país. |
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