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Aug 20
Lo Busco y lo busco y no lo busco
Escrito por Francisco Verdayes   
Domingo, 03 de Octubre de 2010 00:00

En un país de casi dos millones de kilómetros cuadrados se acentúan lasparticulares formas de hablar. La Península de Yucatán –zona a la que pertenece Quintana Roo– es rica en

expresiones regionales que dejan con cara de interrogación a los miles de nuevos pobladores que todos los días llegan a la entidad.

Esto no significa que el habla de los peninsulares sea incorrecta; de hecho hay muchas

palabras que denotan la perfecta utilización

del castellano, en cambio, hay otras en las que se observa ambigüedad y eso las hace –en cierta forma– graciosas.

Gran parte de estos errores son reminiscencias de la fusión de lo prehispánico y lo español.

No aludiré a la incorporación de vocablos

mayas, ni tampoco a la pronunciación regional, pues éstos merecen mención aparte, sino simplemente lo disímbolo de sus significados, que por momentos hacen sentir al visitante que se encuentra en otro país.

Los Verbos El verbo “buscar” como sinónimo de “encontrar”.

Esta es una de las expresiones clásicas:

“Lo busco y lo busco pero no lo busco”.

Lo que el desesperado hombre quiere decir es

“Lo busco y lo busco pero no lo encuentro”. En

el mismo caso está “prestar”. Cuando alguien

dice: “Tuve que prestarle mil pesos a mi amigo

para poder terminar la quincena”, en realidad

lo que está diciendo es: “Tuve que pedirle

prestado mil pesos a mi amigo para poder terminar

la quincena”.

En el habla peninsular el verbo “tener” sustituye

al verbo auxiliar “haber”. Por ejemplo, es

común escuchar estas expresiones: “Me lo tienen

dicho” en vez de “Me lo han dicho” y “Lo

tengo escuchado” en vez de “Lo he escuchado”.

Otro ejemplo de la incorrecta utilización de

verbos ocurre con “quitar”, que de manera por

demás increíble suple al pretérito del verbo “ir”.

Ejemplo: “Nos quitamos de la fiesta a las 10 de

la noche”, cuando en realidad quisimos decir

“Nos fuimos de la fiesta a las 10 de la noche”.

Y lo mismo ocurre con el verbo “guardar”,

que es utilizado equivocadamente como sinónimo

de “ocultar” o “guarecer”. Ejemplo:

“Cuando lo vi pasar me guardé detrás del árbol”.

Lo correcto es: “Cuando lo vi pasar me oculté

–o me guarecí–detrás del árbol”.

Y que tal el verbo “acechar” como sinónimo

de “ver”, “observar” o “asomar”. Ejemplo: “Hijo

acecha en la casa de tu tía, a ver si ya llegó”. De

acuerdo con la Academia de la Lengua Española

‘acechar’ significa observar sigilosamente,

mientras que ‘asechar’ con “S” representa

intentar confundir. Lo que esta persona quiso

decir es: “Hijo asómate en la casa de tu tía, a

ver si ya llegó”.

El verbo “gustar” como sinónimo de “ver”

u “observar”. No sé de dónde haya salido esto

pero es muy común escuchar que: “La comadre

está gustando su telenovela”, “¿Gustaste la

película que pasaron ayer?”. Hay una expresión

muy simpática: la utilización del verbo

“pasar” como sinónimo del verbo “estar” en su

conjugación pretérita “estuvo”: Ejemplo: “Ese

hombre se pasó a morir el año pasado”… lo que

en realidad quiso decir fue: “Ese hombre estuvo

a punto de morir el año pasado”.

Ahora bien, en cuanto a la incorrecta utilización

de verbos, la siguiente expresión no parece

tener competencia: “El ingeniero está ido en Mérida”. Es evidente que no se trata de

ningún viaje astral, ni que el mencionado ingeniero

haya sufrido conmoción alguna. Es

decir, no está “como ido”, sino “ido en Mérida”.

Esto significa que está de viaje y bien

pudo decirse: “El ingeniero está en Mérida”.

Lo de “ido” sale sobrando.

del habala común

El peninsular que no recuerda el nombre

del objeto que está pidiéndole a su compañero

lo resuelve diciendo: “Pásame el…

el… el negociante”. El ‘negociante’ puede ser

todo, cualquier cosa, la versión yucateca de

“la marinola”, “la chafaldrana”, o simplemente

el “de ese”, tan utilizado en otros lares.

¿Hermano o hermanito? Cuando alguien

presenta o habla de su consanguíneo, implícitamente

se sabe si éste es menor o mayor

en términos de edad. Es muy simpático escuchar

a un hombre de 70 años hablar de su

“hermanito”. No piense el lector que se trata

de una criaturita de cinco años, puede ser

que el “hermanito” tenga 68 primaveras. En

cambio si emplea la palabra hermano, significa

que es más grande que él.

Es común escuchar la palabra “mata”

como sinónimo de árbol. La mata, según

definición del diccionario, es una planta de

poca altura, pero en la Península de Yucatán

se le llama mata a cualquier árbol, aunque

sea enorme, la palabra lo minimiza. Lo contrario

ocurre con la palabra “selva” a la que

llaman “monte”. Ejemplo: “Se escondieron

en el monte”, y no es que se trate de ningún

cerro, porque si ese fuera el caso, la expresión

–ya de por sí exagerada– se duplicaría,

pues entonces se le llamaría “montaña”.

En las comunidades rurales he escuchado

llamarle “león” al puma o al jaguar. Y es

común escuchar por doquier que en sus patios

hay muchos “zorros”. No, no se refieren

a los cánidos que todo mundo ubica, sino a

los marsupiales que conocemos simplemente

como tlacuaches. Ahí mismo, en el campo,

el “foco de mano” es la linterna y el “traje de

agua” es el impermeable (el amarrillo). Desde

luego nos faltaron por citar muchísimos

ejemplos más pero, no hay duda, hasta parecemos

otro país.

 

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